Hermanos Franciscano de Cruz Blanca

 

¿Quiénes Somos?

 

El Carisma de los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca gira en torno al cuarto voto que profesamos junto con los de Castidad, Pobreza y Obediencia. Se trata de la asistencia a los enfermos incurables y a los más necesitados.

 

En un ambiente familiar, de cercanía y convivencia fraterna entre Hermanos, asistidos y voluntarios, los Hermanos gozamos de la inmensa gracia de poder asistir al mismo Dios encarnado en todos los hombres pero especialmente en los más enfermos.

 

Comunidades reducidas de Hermanos y un número no muy elevado de asistidos, hace posible que en nuestras "Casas Familiares" se viva un ambiente de familia, donde las vivencias en el día a día son muy cercanas e intensas.

 

El Hermano Franciscano de Cruz Blanca no es sólo una persona consagrada que atiende a los enfermos y pobres en sus necesidades materiales más básicas. El verdadero Franciscano de Cruz Blanca, siguiendo los pasos de nuestro Fundador, el Hermano lsidoro, vive al lado del asistido, estando y siendo, dando y recibiendo.

 

La presencia cercana, el trato cariñoso, los gestos de amor fraternal, deben jalonar nuestra vida de consagrados para el Reino sirviendo a los que hoy nadie quiere: disminuidos físicos y psíquicos, enfermos terminales, inmigrantes, ancianos, enfermos de SIDA, alcohólicos o transeúntes.

 

¿Qué significa ser Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca?

 

Hermanos:

De Cristo, profundamente unidos a Él entre sí por amor mutuo y cooperación al servicio del bien de la Iglesia y de todo hombre.

 

Franciscanos:

Porque al igual que Francisco de Asís los Hermanos de Cruz Blanca queremos vivir en la sencillez evangélica, la pobreza alegre, el amor a Jesús y a María, y transmitir el amor de Dios a todos los hombres.

 

Cruz:

Porque queremos aliviar el sufrimiento que todo hombre lleva consigo agudizado muchas veces por el desprecio y la marginación de sus semejantes.

 

Blanca:

Porque blanco es el color de esas sábanas donde muchos de nuestros acogidos pasan gran parte de su vida, y porque blanco es también el color de su sufrimiento.

 

Nuestro Fundador

 

El hermano Isidoro Lezcano Guerra nace en 1935 en Tenoya, un pequeño pueblo cercano a Las Palmas. Allí cursa sus primeros estudios y ayuda en las faenas del campo a sus padres, humildes labradores.

 

Con sólo 17 años trabaja como enfermero en un hospital psiquiátrico. Allí entra en contacto con la realidad del sufrimiento humano y siente la llamada de Dios.

 

Más tarde, el mundo de la marginación se hace presente en su vida en las kabilas o pequeños poblados árabes en Tetuán (Marruecos), donde presta el servicio militar. Allí es querido por todos y a él acuden en busca de ayuda, de cercanía y comprensión y es entonces cuando encuentra su verdadera vocación.

 

Alterna su trabajo con el de enfermero voluntario en el Hospital de Cruz Roja. Con algún dinero ahorrado alquila un viejo chalet para los primeros acogidos. Él se muestra ilusionado y quiere hacer partícipes a todos de esa ilusión pero no le entienden: dicen que está loco.

 

El hermano Isidoro no se desanima y las primeras ayudas comienzan a llegar. Ya hay en la casa 60 acogidos: paralíticos, alcohólicos, epilépticos... y también se va formando una pequeña comunidad entre quienes quieren seguirle. Toda obra de Dios es probada y en esta ocasión también lo fue. Después de largos años de trabajo y sufrimiento se vio desposeído de todo. La comunidad también le abandona y tan sólo dos compañeros de primera hora permanecen fieles. El hermano Isidoro marcha a tierras de misión y abre una casa en Tánger donde poco más tarde logrará abrir una casa más. La Providencia le lleva de nuevo a Ceuta donde alquila una casa deshabitada en el barrio del Príncipe. Nuestro instituto comenzaba a caminar y el hermano Isidoro veía hecha realidad la que había sido su gran ilusión. Hoy, nuestro Fundador reside en Sevilla donde comparte muchos momentos con los novicios del Instituto alentando en ellos el espíritu de Cruz Blanca bajo el carisma y la misión a la que van a consagrarse y desde aquí vive también muy intensamente el día a día de todas nuestras Casas.